El virus y la condición espiritual

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¿De verdad estamos más unidos que nunca?

Tener un enemigo común garantiza  la unión de los que luchan contra lo mismo, pero eso no es unión real, también los bandidos se alían cuando quieren expulsar al capo del barrio.

Estamos viviendo tiempos sorprendentes.

Confusos.

Alienantes.

La publicidad excita los instintos más bajos de la sociedad, en forma positiva claro está, los poderes fácticos. No son tontos.

Estamos en una época donde el positivismo se ha puesto de moda.

Parece una garantía de evolución, sin embargo, este nuevo escenario está lleno de trampas.

Hace unas pocas décadas, lo negativo, el abuso de poder y la maldad se expresaban con naturalidad para dominar al ser humano.

Ahora no vale.

Simplemente porque ya lo conocemos y no caemos en esa burda manipulación, hay que rizar el rizo.

¿Y cómo?

Envolviendo de positividad cualquier evento construido para dominar al común de los mortales. Todos percibimos la obviedad del miedo, pero no estamos preparados para verlo si está vestido de dulzura y solidaridad.

De nuevo, 

Manipulación encubierta, más sofisticada eso sí.

El mismo perro con distinto collar.

¿De verdad meditando globalmente o aplaudiendo en los balcones nos sentimos unidos con el vecino?

Nos brotan las lágrimas ante cualquier video o foto que fomenta la solidaridad, nos emocionamos fácilmente ante imágenes de seres sufrientes que son salvados por profesionales que siempre lo han hecho sin publicidad.

Son héroes, nos dicen.

Siempre estuvieron ahí y no los vimos, ni los aplaudimos.

Eso es responsabilidad, es decir, capacidad para responder.

Son seres humanos que lo hacen porque lo sienten o porque es su vocación o  porque su capacidad natural así se lo indica. Son auténticos seres humanos.

Discernir se ha convertido en una necesidad hoy.

Todos admiramos a los hombres y mujeres que están al pie del cañón cada día, cada hora, aun a riesgo de su salud, faltaría más.

Yo abogo por el sentido común espiritual, el de verdad, el real y humano.

El que Es, sin más.

El que se muestra sin necesidad de oropeles.

El que siente y padece en su casa y llama a sus amigos enfermeros, repartidores, barrenderos…..y se lo dice directamente, sin florituras.

Nos toca ser reales, pensasintientes, genuinos, con luces y sombras, auténticos y sobre todo…. honestos.

Revisar los conceptos de espiritualidad y solidaridad es ahora más necesario que nunca y es menester hacerlo en la intimidad de nuestros corazones.

Estamos viendo empresas que se visten de solidaridad y te cobran las mismas comisiones de siempre.

Especuladores que aprovechan el dolor general para sacar tajada.

Amigos que no lo son tanto y ahora llaman más porque se aburren para soltarte un monologo de quejas.

Personas pudientes que están tranquilos en su casa porque saben que no les va a faltar el sustento, pero no ofrece su sobrante.

Bien.

Toca vernos las caras.

No las que nos hemos estado mostrando vestidas de buenismo, sino las de verdad, lo que cada uno de nosotros es, lo que somos capaces de aportar desde la cómoda distancia de nuestra casa y la realidad virtual.

Esa que no se gesta con buenos deseos y corazones de watsap. 

Esa que no se traduce en likes en Instagram. 

Esa no es la realidad, ni la solidaridad.

Eso es lo que excita la publicidad que nos cuentan en éste, nuestro bendito país cuando encendemos la tele.

No dudo de las buenas intenciones de muchos.

No dudo de la ignorancia que nos hace dejarnos llevar por momentos emotivos (por cierto, muy fáciles de provocar) que nos sueltan lágrimas fugaces que no significan nada real.

Conozco personas que lloran con las películas de amor  y no se hablan con sus hijos.

Conozco personas que mandan mensajes de ángeles de la guarda y maltratan a sus allegados.

Perdonad amigos, 

Yo no soy mejor que nadie.

Me levanto a veces envidiando a los ricos que no tienen que sufrir por ver cómo pagan el alquiler del mes que viene.

Me enfado con el mundo porque a mis 56 años ésta situación me obliga a cuestionarme lo que ya creí conquistado en mi vida.

Siento terror algunas noches porque añoro una compañía protectora. 

Aparto el teléfono porque no deseo consolar a nadie por mucho que mi don de nacimiento me obligue a ello.

Todo esto no habla muy bien de mi condición espiritual, que se supone debería estar en calma perpetua entonando el Om por el bien de la humanidad. 

Pero es la verdad.

Lo que creo que nos trae este nuevo tiempo, la pura y absoluta Verdad de cada uno.

Completa desnudez.

Que en la soledad o compañía de nuestra propia casa, no nos queda otra que afrontar.

Feliz y genuino encierro amigos.

Beatriz Cuairan 

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    1 Comentario

  1. Ena
    11 septiembre 2020
    Responder

    Me ha encantado!

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