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¿Quién nos iba a decir a los caminantes espirituales hace unos años que íbamos a estar nadando entre la desesperanza y la alegría?
La desesperanza de no ver la verdad y la alegría de intuir, por fin, un cambio real.

Todas las personas que desde el 2012 sentíamos el cambio de frecuencia en nuestras venas (algunos antes), trabajábamos con la firme idea de que 2020 mostraría su mejor cara y que el arduo trabajo interior se reflejaría en nuestras vidas.

Craso error de apreciación.

Somos muchos los que, con inocencia infantil, augurábamos que con el cambio de década veríamos a la luz tomando posiciones frente a la oscuridad.

Error mayor aún (de apreciación también).

La Luz está ganando, pero antes de verse los nuevos escenarios, alumbrará lo que no está en consonancia con los nuevos tiempos.

Para que lo veamos, para que lo limpiemos.

Nos levantamos un día, recién estrenado el año con una sorpresa mayúscula
de proporciones mundiales.

Las primeras sensaciones energéticas hablaban de una limpieza casera, de interiorizar cada uno en su entorno para ver qué valía y qué no en nuestras vidas, eso parecía traer el encierro.

La aceleración de los procesos personales presuponía que muchos seres humanos íbamos a igualarnos en desarrollo personal y no vimos que para construir una nueva conciencia, había que ayudar a morir a la anterior.

Por lo tanto, en vez de la unión, la polarización entre ambas fuerzas afloró más fuerte que nunca.

La inocente y esperanzada alegría del principio, dio paso a un aterrizaje forzoso, que aunque no exento de placeres cotidianos, se nos ha presentado muy poco halagüeño.

Agresividad, desanimo, enfrentamiento, manipulación de masas, etc.

La energía presente del año nos está llevando paso adelante, paso atrás.

Cual surfero engullido por las olas tras caerse de la tabla, sin posibilidad de control. Por mucho entrenamiento que tuviese, la naturaleza es caprichosa y no obedece a deseos personales.

El virus tampoco.

Cualquier proceso de crecimiento interior se ha visto abocado a ser re-evaluado y re-visitado.

La lectura mas coherente que nos trae este año cercano al final, es que la tierra es un planeta de aprendizaje, que estamos en un salto de conciencia sin igual, que los retos de la humanidad son enormes y que el auténtico trabajo espiritual se demuestra dentro del caos.

No hay evolución personal que se precie si no ha recorrido antes la más profunda oscuridad.

El desafío mas difícil es el que está más lleno de oportunidades.

Todos sabemos sentir paz en lo alto de una montaña meditando al atardecer, pero este año nos pide demostrar nuestro recorrido sacando la alegría interior por encima de los sucesos que entierran nuestro ánimo día tras día.

Podremos, sé que podremos.

Somos muchas las personas que sentimos que estamos dentro de una
oleada de conciencia largamente esperada y que la clave está en que, pase lo que pase, la energía espiritual que habita en cada unos de nosotros pondrá más luz en la tierra que todas las manipulaciones juntas del mundo
mundial.

No nos desanimemos querid@s, tenemos más ayuda que nunca y recordad que el diamante es carbón sometido a la máxima presión.

Beatriz Cuairan

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    1 Comentario

  1. 22 octubre 2020
    Responder

    Honro cada día la decisión de mi Alma de volver a encontrarte en esta vida como Ana. Alentando mi camino desde el amor sin juicios. Volvimos a cruzar caminos y me enamore de tu esencia.
    Gracias por todo lo recorrido anteriormente y gracias por esta magnifica pagina para seguir recorriendo…en la que das luz al mundo, con toda la información, lecturas, talleres, cursos….sin fin. Un Gran Abrazo a la Reina de los Embajadores de LUZ que eres.

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